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OLLARRA
(Diario de Navarra 23/12/2001)
SOBRE
el gran portal del mundo, más o menos ruinoso, los ángeles
cantarán un año más: paz a los hombres. A
todos los hombres porque la buena voluntad se supone. Y miraremos
al Niño Dios y le cantaremos villancicos, pero haremos
poco caso de la voz de los ángeles. Seguirán las
guerras, muchas guerras, grandes y pequeñas, nacionales,
étnicas, pueblos y barrios metidos en conflicto, y también
íntimas, uno contra sí mismo.
Dice
Covarrubias que la paz, la publica tranquillitas, es lugar común
en que los oradores se extienden cantando los bienes que de ella
se sacan. Hoy en vez de oradores diría políticos;
algunos políticos son los que más hablan de paz,
de su paz, sin hacer mucho por lograr la de todos. Hacen de la
paz chantaje para sus fines: paz rentable, paz propagandística,
paz sucia de paloma negra.
Resulta
fácil y muy demagógico plantear la posibilidad de
llegar a la paz con argumentos simplistas: ¿Quién
no desea la paz? ¿De qué sacrificios no seríamos
capaces por conseguirla? Pues ahí tenéis la fórmula,
vienen a decirnos, al alcance de vuestra voluntad. Claro que con
unas condiciones y un precio a pagar que salta por encima de la
justicia y del estado de derecho.
El
diccionario de la RAE define la paz en su
primera acepción como situación y relación
mutua de los que no están en guerra. Si lo aplicamos al
momento cruel en que vivimos, nuestro problema no es precisamente
la guerra. Cuando algunos obispos y políticos hablan de
paz y piden oraciones y esfuerzos por la paz, se equivocan porque
ni la nación ni el gobierno ni la mayoría de los
ciudadanos es beligerante. La gente quiere vivir en relativo sosiego
y armonía como sucede en casi todas las regiones europeas.
Son solamente unos los que atentan, matan, secuestran y extorsionan.
El Estado se limita a aplicar la ley, perseguir a los terroristas
y llevarlos ante los tribunales. Sería más correcto
y práctico que rogar por la paz, pedir a ETA que renuncie
a las armas, que no mate a nadie y nos deje en paz de una vez.
La petición debería ser unilateral, a los que rompen
la paz gratuitamente, no a los que sufren sus agresiones. Los
católicos tendríamos que rezar para que ETA se convierta,
si quiere, en un partido democrático al uso de los pueblos
civilizados.
Hay
"pacifistas" que me parecen peligrosos. Tras la tregua-trampa
que engañó a tanto ingenuo, ha venido la paz-trampa
que propone Elkarri, una empresa privada, subvencionada y entregada
a los intereses nacionalistas con beneficio para la propia ETA.
A pesar de estar apoyada por intelectuales y socialistas, algún
premio Nobel y bastantes papanatas, sus fines son claros: constituir
un parlamento fuera del Parlamento -duplicidad institucional y
anticonstitucional que tanto gusta al PNV- y desde la "conferencia"
utilizar la paz para pactar con ETA a consta de que el estado
español, España, renuncie a parte de su soberanía
a favor de las ilimitadas ambiciones nacionalistas. Si Elkarri
quiere de verdad la paz tienen que convencer a ETA y sólo
a ETA. La manera más práctica y sencilla para lograr
los fines que dice pretender es presionar a los partidos del Parlamento
vasco para que de una vez para siempre se enfrente con los terroristas.
Tampoco estaría mal que insistiese con el gobierno francés
para una mayor colaboración con las fuerzas de seguridad
españolas que trabajan por la paz con bastantes éxitos.
Todo lo demás es música nacionalista que se pone
al terrorismo para legitimar la ambición compartida del
futuro Euzcadi. Con Navarra, naturalmente, porque aquí
también actúan sin que sepamos quién les
ha llamado.
A
la paz de Dios.
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