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Son
muchas las llamadas que recibimos los ciudadanos a que nos movilicemos
para luchar contra el terrorismo. El problema es que luego cuando
te pones a pensar en ¿qué hacer?, la variedad de opciones para
movilizarse es muy reducida. Normalmente están relacionadas con
la manifestación en un acto público (arropado entre la multitud),
o a veces en el anonimato de un grupo de fieles que estoicamente
aguantan de pie un rato y aplauden al final.
Por el contrario la variedad de movilización que esgrimen los
agresivos patriotas, es bastante más variada y atractiva para
jóvenes y adultos con ganas de eliminar adrenalina acumulada:
se pegan carteles, se llama por teléfono, se vigila desde la ventana,
se pone la oreja tras los despachos, se miran papeles confidenciales,
se pasa información diligentemente, se pone silicona en las cerraduras
aprovechando que trabaja en el edificio, se difunde una carta
de apoyo al conflicto de turno provocado para aunar e identificar
al colectivo (Plaza del Castillo, Itoiz,.)
Eso sí, cuando hay que estar pasivo, saben estar en su papel (el
ejemplo del Alcalde de Ondarroa, observando como golpeaban a un
edil del PP es dramático).
Lo sorprendente es que, los que nos consideramos ciudadanos amantes
de la libertad de opinión, tengamos tantos reparos en actuar (movilizarse
suena como más comprometido) en situaciones normales de nuestra
vida cotidiana, sin pretender con ello ser héroes. Actuar en tu
entorno más cercano puede ser: decidir quitar un cartel ofensivo
de la pared de tu calle, o del centro de trabajo; desplazar físicamente
fuera de nuestras amplias manifestaciones por el derecho a la
vida, al grupito descarado y fuerte en su impunidad que , al lado,
se permiten reclamar el derecho al disparo; llamar al 091 o a
protección ciudadana para denunciar movimientos extraños, pancartas
agresivas, actitudes intimidatorias.
Sin duda, queremos vencer a los intolerantes. Aunque a algunos
medios de comunicación con intereses en el País Vasco y Navarra,
les parezca una actitud beligerante, el pensar en vencer es la
única actitud que elimina la impunidad y que transforma el "déjalo,
que no merece la pena", por un "Basta ya, guárdate el comentario
jocoso donde te quepa que hiere mi sensibilidad" o el "ya se cansarán",
por el "Basta ya, no utilices mi pasividad para entorpecer cualquier
decisión que limite tu impunidad".
En fin, la vía social que tanto se reclama, para completar la
vía policial (que a algunos tanto molesta), solo puede pasar por
que cada uno sea policía de su propia dignidad y defienda la libertad
de opinión, al menos de los de su entorno más cercano, con pequeñas
"heroicidades" anónimas, intentando superar el "que dirán", siempre
con precaución, pero cada día con más resolución. Ser policías
de la libertad supone asumir que la libertad no lo van a poder
defender otros por mi, si yo no la defiendo en el medio en que
me muevo. Ellos lo tienen muy claro, son menos, pero meten muchas
horas. Nosotros somos más, pero todavía confiamos en que nuestra
comodidad no va a ser alterada. Cambiemos la tendencia y, al menos,
no sentiremos mejor. La civilización esta unida a la generosidad,
y debemos ser generosos con las víctimas y los que dan la cara
por la libertad aportando nuestro granito de dignidad y conquistando
nuestro centímetro de libertad perdida día a día. Basta ya, libertad
ya.
Contra
el terrorismo... ¡Libertad Ya!
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