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VÍCTOR
MANUEL ARBELOA (Diario de Navarra 29/12/2001)
SI queremos hablar de conflictos humanos, vayamos hasta Adán
y Eva, hasta lo que conocemos de la primera existencia del "homo
sapiens sapiens". Si hablamos de conflictos en el País
Vasco y en toda España, hagamos lo mismo. O, si queremos
limitar el tiempo histórico, quedémonos en las tres
guerras carlistas del siglo XIX, guerras españolas, con
motivos ideológicos, dinásticos, religiosos, sociales,
comunes a toda España.
Consecuencia
muy directa de esas guerras y de todo un cambio político,
ideológico y social del siglo XIX, fue la modificación
por los Gobiernos liberales, pactada o no, moderada o radical,
de los Fueros de Navarra y de Vascongadas (1839, 1841, 1876),
que propició a la vez el nacimiento del nacionalismo vasco
a través de Sabino Arana Goiri, un ex carlista e hijo de
carlistas muy afectados por la última guerra civil.
Pero,
como los mejores historiadores han puesto de relieve, el nacionalismo
sabiniano fue hijo sobre todo de la reacción de la pequeña
burguesía y campesinado vizcaínos ante la amenaza
que se veía venir de los cambios políticos, económicos
y sociales para los Fueros tradicionales (sistema tradicional
de vida y gobierno), donde cabe incluir también la religiosidad
católica de aquel tiempo, los modos de la vida rural, la
lengua vasca, etc.
Con
los fueristas, los carlistas y los eukalerríacos, por muy
agraviados y recelosos que estuvieran, podía haber habido,
como de hecho lo hubo, un cierto entendimiento, sobre todo tras
el establecimiento en 1878 de los Conciertos, que fueron punto
de arranque del desarrollo económico y social de Bilbao
y de Vizcaya. ¡Ese desarrollo, pionero en España,
no se hizo antes de 1876 sino varios años después!
El
nacionalismo sabiniano, irrealista, extremoso, agresivo, integrista,
fanático y xenófobo-antiespañol, que tuvo
que echar marcha atrás con la "Liga de Vascos Españolista"
en los últimos meses de vida del fundador, exageró,
intensificó, exacerbó, sacó de quicio aquel
conflicto, un conflicto más en la vida moderna, y lo vinculó
a una pretensión peligrosa, irrealista y generadora en
el futuro de mucho mayores conflictos: la independencia de Euskadi,
incluidos pretenciosamente, y contra todo derecho y razón,
Navarra y el País Vasco francés.
El
nacionalismo sabiniano fue, pues, causa y no efecto del hoy llamado
interesadamente por muchos "conflicto vasco".
El
historiador Juan Palo Fusi ha comparado esta ruptura histórica,
creadora de conflicto, con la creación de ETA en 1959 que,
de un movimiento nacionalista vasco social-cristiano, entonces
ambiguamente soberanista étnica y culturalmente, pasó
a un movimiento marxista-leninista-maoísta-guevarista-polpotista,
revolucionario y terrorista, paladinamente independentista, movimiento
que no es para nada consecuencia de un "conflicto" sino
multiplicador por voluntad decidida del conflicto creado por el
viejo nacionalismo sabiniano y generador de otro mucho más
cruel y estragador: la independencia y la conquista por las armas
de todo el poder en el Euskadi soñado por Sabino Arana
Goiri.
No
nos vengan, para colmo, a hacer creer que se trata de una necesidad
o de una justicia histórica. Se trata de un error querido,
estudiado y programado, punto por punto, para hacer cada día
más conflictivo el "conflicto".
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