|
Últimamente
oímos insistentemente que estos son tiempos de pensamiento
único. Que la libertad y democracia están amenazadas
porque ya no parece estar de moda el dialogo con los terroristas.
Se nos intenta convencer de las bondades que aporta a la democracia
y a la libertad el hablar con ellos. Creo que a estas alturas
ningún amante de la libertad puede ya entender que su libertad
se amplia hablando con quien pone una pistola sobre la mesa. Hablando
con quien te mata o chantajea si no estas de acuerdo con sus planteamientos.
¿Cómo puede definirse amante de la libertad quien
está dispuesto a pegarte un tiro si no estas acuerdo con
el? Y mas peligroso aun, ¿cómo puede alguien autoproclamarse
defensor de la libertad y al mismo tiempo aceptar lo anterior?
¿Qué libertad esta defendiendo, la del asesino?
Quizás el concepto de libertad defendido es el basado en
el terror y no en la palabra. Basado en el totalitarismo y no
en la voluntad popular. Es posible que lo que en el fondo se nos
quiere transmitir es que hay que cambiar la definición
de libertad. Si nos molestamos en buscar en el diccionario de
la Real Academia Española, el significado de libertad de
pensamiento se hace referencia a "derecho de manifestar,
defender y propagar las opiniones propias". Ir en contra
del dialogo con los terroristas no otorga ni despoja a nadie de
este derecho. Como tampoco lo hace el estar a favor del mismo.
Sin embargo no querer dialogar con los terroristas y querer su
derrota por medios legales es una declaración de intenciones
de los que queremos que nadie se pueda sentir coartado en su decisión
de ejercer este derecho. Es creer firmemente que las reglas de
nuestra democracia son el único instrumento válido
para garantizar a todos los ciudadanos la potestad de ejercer
ese derecho. Es evidente que tanto los terroristas como sus cómplices
ejercen la libertad de pensamiento. De hecho incluso van mas allá.
Con las amenazas, extorsiones y asesinatos podemos decir que ejercen
ese derecho limitando la facultad de ejercerlo a los demás
ciudadanos.
También
parece claro que una sociedad democrática libre no puede
construirse sobre el que solamente unos pocos "afortunados"
puedan disfrutar de ese derecho a base de arrancarlo del resto
de los ciudadanos, muchas veces arrancándoles al mismo
tiempo la vida. Los que llaman pensadores unitarios a quienes
se oponen al dialogo con los terroristas nos argumentan que este
puede ser un medio como otro cualquiera para alcanzar el objetivo
de una sociedad en la que todos los ciudadanos puedan ser libres.
Este argumento, corto de miras a largo plazo, ignora el daño
colateral de esta aproximación. Nuestra sociedad se ha
dotado de unas reglas democráticas, que quiere decir aprobadas
por los ciudadanos o por quienes los representan, para precisamente
garantizar que todas las personas independientemente de su condición
puedan ejercer este derecho. Los que defienden el dialogo con
los terroristas nos están dejando entender que estas reglas
no sirven. Peor aun, se nos esta diciendo que nuestros representantes
no son capaces de crear nuevas reglas para garantizar nuestra
libertad en caso de que las recetas del pasado no sirvan en la
actualidad. Simple y llanamente se nos esta diciendo que este
sistema basado en el consenso de ciudadanos libres y creado para
los propios ciudadanos es incapaz de adaptarse a los nuevos problemas
y nuevas amenazas para la sociedad libre. Se acepta que este sistema
debe permitir a cualquier conjunto de ciudadanos el poder de imponernos
su manera de hacer las cosas por medios ajenos al propio sistema
como el terror. Con una complicidad mas o menos voluntaria quienes
defienden este "dialogo" están dando a los terroristas
su objetivo, ser escuchados. Están regalando a los terroristas,
sin el consentimiento de los demás miembros de la sociedad,
la justificación que necesitan para proseguir con la barbarie
mientras no sean escuchados, al mismo tiempo que legitiman la
hipoteca continua del sistema a manos de cualquier grupo terrorista.
Mientras tanto los representantes democráticos de la mayoría
de los ciudadanos y estos últimos siguen sin poder ejercer
su libertad de pensamiento.
Quien
alienta mas el pensamiento unitario, quienes quieren dialogar
con los que no respetan la libertad de pensamiento o los que quieren
acabar legalmente con todo aquel que intente imponer su pensamiento
por métodos fuera de la legalidad democrática? Parece
claro que los primeros puesto que están dando alas a que
ciertas maneras de ejercer la libertad de pensamiento, que son
ilegales y mortíferas, tengan mas efectividad que las determinadas
democráticamente por los ciudadanos. Así pues parece
que lo que realmente contribuye a la falta de democracia, libertad
y la facultad de ejercerla es fomentar el dialogo con los terroristas
y no al contrario.
¿Es
posible un sistema democrático en el que todos los ciudadanos
puedan ejercer su libertad de pensamiento mientras existan unos
individuos dispuestos a legitimar sus acciones terroristas contra
los miembros de la sociedad en la disposición de otros
miembros de la misma sociedad a escucharles? En el caso que la
respuesta sea afirmativa, ¿qué confianza genera
en sus ciudadanos tal sistema sometido a la inestabilidad continua?
¿Qué garantías aporta este sistema a la potestad
de cada ciudadano de ejercer legalmente su libertad de pensamiento?
Negar cualquier tipo de dialogo con los terroristas es confiar
en el sistema democrático y en su capacidad para garantizar
que cualquier ciudadano pueda ejercer su libertad de pensamiento.
Luchar democráticamente contra el terrorismo es la mejor
batalla que los amantes de la libertad pueden emprender contra
el pensamiento único porque es la que garantizara que nadie
en el futuro pueda sentirse legitimado a imponer ninguna idea
ni atentar contra los ciudadanos para hacerse escuchar. De la
misma manera que por defender nuestra libertad debemos acabar
con el terrorismo, por defender la fortaleza de nuestra democracia
debemos negarnos a negociar con terroristas. Contra el pensamiento
unitario solo cabe la libertad.
¡Contra el terrorismo, Libertad Ya!
|