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VÍCTOR MANUEL ARBELOA
POCAS cosas hay, amable y benévolo lector, que expresen
mejor la realidad política relacionada con el terrorismo
etarra y con el independentismo nacionalista vasco, coincidentes
ambos en algunos fines y hasta en algunos medios, que los gestos
y las palabras, incluida la palabrería, de políticos,
agentes sociales y gentes del común, con ocasión
de cada atentado terrorista. Basta eso para saber quién
es quién, qué hay y qué no hay, qué
se puede esperar y qué no se puede.
Cualquier
atentado contra cualquier víctima sirve para el análisis
de las reacciones, por justeza, por defecto o por exceso. Tomo
los datos, hoy 25 de noviembre, de las televisiones, radios y
periódicos tras el doble asesinato, cometido ayer, de los
dos ertzainas Ana Isabel Arostegui y Francisco Javier Mijangos.
Por desgracia, no he podido ir esta vez a Beasáin, Miranda
de Ebro, Munguía y Algorta, los lugares de la tragedia,
y vivir de cerca la respuesta popular.
¡Que
ETA se disuelva!
Oigo
en primer lugar, y es mala suerte, al presidente del PNV declarar
a los periodistas que ETA está matando "a gente de
aquí, gente nacionalista, gente querida por este pueblo".
Como ya le es habitual, arremete de inmediato contra su ex amigo
Aznar, en cuyas "críticas" no cree, pero sí
en los resultados próximos de las elecciones municipales
en Euskadi. ¡Si hubiéramos aguardado a esas elecciones
para debilitar y vencer a ETA, estaríamos buenos! Como
se ve, ya está otra vez en primer término, incluso
en estos trances trágicos, la clave fundamental peneuvista-sabiniana:
la división entre los de aquí y los de allí,
entre España (ahora encarnada en Aznar) y Euskadi. Pero
leo luego que Javier es de UGT y Ana de ERNE, el sindicato policial
mayoritario, sumamente crítico, y que aquél eligió,
como tantos ertzainas, Miranda de Ebro para vivir, y que su familia
ha elegido Bujedo para su funeral. Por cierto, que un diez por
ciento de ertzainas (policías del pueblo) tengan que vivir
fuera de Euskadi indica mejor que nada que Euskadi vive en un
estado de excepción permanente a causa de una banda terrorista.
Por
lo demás, nada nuevo en el lenguaje aguado del nacionalismo-independentismo.
En Beasáin, Errazti habla de "violencia" y se
atreve a decir algo tan original como que "no hay ninguna
justificación" para cosas de este tipo, y va más
allá y añade que el atentado va "contra la
soberanía vasca". ¿Y cuando ETA mata a concejales
del PP y del PSOE, militares, jueces o policías españoles,
también? Otros, entre ellos Ibarretxe, insisten en lo de
siempre: ETA actúa en contra de "la voluntad del pueblo
vasco", no escucha "la voluntad del pueblo vasco".
¿Ése es el único y máximo criterio
moral? ¿Y si esa voluntad coincidiera con la de ETA?
El
discurso del peneuvista alcalde de Beasáin, presidente
de la fenecida o agonizante "Udalbiltza", pero aún
con partida presupuestaria, es el típico lenguaje de madera
utilizado en estos casos: está a punto de decir que exigen
que ETA "se disuelva" -el lema nacionalista más
audaz"-, y dice al final casi lo mismo: "¡que
desaparezca!". Cuando alguien comienza a increpar en el salón
de plenos a los concejales de EH, el alcalde impone silencio.
En el balcón municipal, ondea sola la ikurriña y
a media asta, una hazaña. El lema de la primera manifestación,
el de siempre: "Pakea behar dugu" (Necesitamos la paz).
Da casi risa en medio de la pena y del hastío. Todo casa
muy bien con la presidencia de "Udalbiltza".
Más
coraje demuestran tener en Munguía, donde hay muchas personas
que abandonan el salón de plenos, antes de tener que ser
expulsados por otro alcalde peneuvista, por no querer oír
el infame alegato de EH, mientras increpan a los cómplices
y piden incluso su ilegalización. Acertado me parece también
el manifiesto consensuado del Ayuntamiento de Bilbao, donde se
recalca "la paz sin condiciones", que es todo lo contrario
de lo que ETA ha intentado siempre, y lo opuesto a lo que quiso
ser y sigue queriendo ser el nacionalista-independentista Pacto
de Estella, tan elogiado aquí, en Navarra, por José
Luis Castejón.
La
denuncia de ERNE
Hay
otras expresiones que no pasan de pintorescas y no merece la pena
sino apuntar su pintoresquismo. Tal me parece la declaración
de Juan Fernández López Aguilar, para quien, siguiendo
la terminología nacionalista, la acción terrorista
es un atentado "muy directamente" contra Euskadi. ¿Los
asesinatos de Miguel Ángel Blanco o de Fernando Buesa eran
quizás sólo "indirectamente"? Para Llamazares,
anclado al parecer en los años veinte-treinta, cuando los
leninistas dividían el mundo en fascistas (el mal) y comunistas
(el bien), el atentado "sólo tiene un nombre, fascismo",
lo que es decir menos que nada. Otros se empeñan en calificar
este atentado de "irracional". ¿Cómo que
"irracional"? Todos los atentados de ETA están
planeados y cometidos con la más fría racionalidad
posible, y no son ni "irracionales" ni "inútiles",
sino que les han proporcionado hasta ahora la más racional
de las utilidades: ahí está el Pacto de Estella
y la deriva soberanista del PNV-EA. ¿Se quiere mayor utilidad
que ésa, después de 900 asesinatos, en la misma
dirección ideológico-política que ETA?
Afortunadamente
el sindicato mayoritario de la Ertzaintza (Policía Popular),
ERNE, que ha dado mil muestras de coraje, de rigor y de inteligencia
en las múltiples denuncias a sus mandos y a sus responsables
políticos, declara esta vez "en buena parte culpable"
de la muerte de dos de sus patrulleros a la mala organización
del cuerpo policial, a la falta "de mínimas medidas
de seguridad", y a "las tareas cotidianas marcadas por
los mandos", que les conducen "al abismo por el que
ayer ETA les precipitó". "De poco sirven las
lágrimas", concluyen.
Contra
lo que suele decirse, ETA sabe en general dónde golpea.
Y mientras continúe esa deriva independentista, impuesta
por la banda, y esa intención de volver, de un modo u otro,
al Pacto de Estella ("Habrá que aguantar los muertos
que sean, la cuestión es avanzar"), y no se quiera
aislar, como primer objetivo, a los brazos políticos y
sociales de ETA, con los que se colabora activamente cada día
, sobra la palabrería de madera, las condolencias profesionales,
los gestos rutinarios, las lágrimas de cocodrilo.
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