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En el año 1976 participé en un cursillo público sobre doctrina social de la Iglesia que organizó la parroquia en el cine parroquial, siendo párrroco don Tomás Lizarraga, y en una mesa redonda sobre la situación política de entonces. La buena villa fronteriza, que había sido durante muchos años y sobre todo en los treinta una rocaforte carlista, había cambiado mucho, había sido muy trabajada políticamente y las tensiones se hacían evidentes entre el público participante.
El 16 de enero de 1977, el PNV quiso hacer de Echarri Aranaz la nueva Estella del 14 de junio de 1931: un lugar emblemático del poder municipalista vasco, pero no lo consiguió, por la prohibición del Gobierno de la Nación y por la poca asistencia de ayuntamientos navarros y no sólo navarros. A pesar de todo, en aquella reunión entusiasta, celebrada en el salón municipal de plenos, se anunció y proclamó claramente lo que el nacionalismo independentista vasco iba a llevar a cabo en los años venideros, como ya lo he explicado en otra publicación.
A fines de febrero de 1979 acudí, junto a dos compañeros del PSOE, a un bar céntrico del mismo pueblo, para un mitin dentro de la campaña de las elecciones generales. Hubimos de suspenderlo a última hora teniendo en cuenta las “circunstancias”, que literalmente nos rodeaban. Dos años después, siendo presidente del Parlamento, visité Etxarri, como el resto de los pueblos de la Barranca; en la casa consistorial me recibieron el alcalde y el secretario de la Corporación.
Pasado el tiempo, recorrí los barrios y calles de la vieja bastida levantada frente a los malhechores castellanos de Guipúzcoa, queriendo situar los personajes y sucesos de la sectaria novela de Arturo Campión “Blancos y Negros”. Ya entonces las pintadas, los lemas de apoyo a ETA, o agresivos en las sedes de PNV y EA eran numerosos. Más numerosos aún y contundentes, si cabe, eran los que vi cuando, con unos amigos, asistí a una de las fiestas del Nafarroan Oinez, convertida la calle mayor en una exposición y exaltación de presos etarras y una de sus calles transversales en urinario público. Una tarde que visité allí mismo a la familia de una religiosa a quien había conocido en Dakar (Senegal), siendo parlamentario europeo, nos destrozaron a la luz del día los faros del coche.
Nuevo recorrido por el pueblo
Vengo hoy, 19 de enero de 2004, con dos hijos del pueblo a recorrer los lugares de la vida y de la muerte trágica de Jesús Ulayar, asesinado por la banda terrorista ETA el 27 de enero de 1979. Faltan cinco días para el homenaje público que, a los veinticinco años del crimen, organizará la plataforma cívica “Libertad ya” en la misma villa.
Es una tarde fría y soleada de enero, con la nieve posada en las sierras de Aralar y de Satrústegui y arremolinada en las estrías, grietas y resquebrajaduras del acantilado de Beriain. Unos cúmulos níveos deambulan bajo el cielo azul y unos cúmulos-nimbos llevan brazadas de nieve a las cimas más altas.
Entramos en Etxarri por “las casas baratas” de los años cincuenta y sesenta, con geranios y begonias en las ventanas bajas.
-Esa es la casa familiar de los asesinos de Jesús Ulayar.
Hay paredes, como veremos luego en otros muchos espacios de la localidad, atiborradas de pintadas: “amnistia”, gora Eta”, “presoak kalera”, “Diario de Navarra” junto a una svástica, etc. La efigie del preso etarra Bautista Barandalla, sellado con tinta negra, está por todas partes, con la leyenda “etxia” (a casa).
Ya en el centro urbano, enfilamos la clásica calle Larrañeta. El Centro de Salud está forrado de pintadas similares. También flanquean la ikastola “Andra Mari” y otros bloques próximos: “Policía asesina”, “Hau ez da Espainia” (Esto no es España), “Luis askatu”, y lemas a favor de la autodeterminación y de la independencia.
- ¿Quién es ese Luis?
- Uno de los asesinos de Fernando Buesa.
Miro la Barga nevada y el blanco peñón encaramado de Beriain para ver algo deleitable. Porque las pintadas que rodean el que fue polémico solar de las escuelas nacionales, que alberga hoy, como quiso el alcalde Ulayar, el frontón, la cafetería, la biblioteca y el hogar provisional del jubilado, son todavía más espesas. Muy cerca, los recios sillares del “elkartetxe” o casa de EA, donde ondea la ikurriña, se manchan con negros zarpazos de “ETA”, “Gora ETA”, “EA-PNV abertzale faltsuak zarete”(... sois unos falsos patriotas). En la puerta del hogar del jubilado, otra pintada habitual: “PP-UPN, euskararen etsaiak” (...enemigos del euskara). Me dicen que el “batzoki” del PNV, que vi en su día pintarrajeado y cerrado, se vendió hace unos años. En la vecina Casa Consistorial, desde cuyo balcón tiraron el cohete festivo los dos asesinos recién salidos de la cárcel, nombrados antes “hijos predilectos de la villa”, no ondea bandera alguna, pero a los dos lados de la fachada se recuerda al preso Bautista Barandalla. El kiosco de la plaza está hoy limpio de los habituales retratos-banderolas de los presos etarras; sólo quedan restos de carteles y cartelones pegados a los muros.
Recorremos luego los nuevos barrios de Malkarramendi y Aldapasoro y luego la zona industrial, a lo largo de la vieja carretera, donde predomina la madrugadora Ufesa, hoy del Grupo Siemens, con sus dos plantas, por cuya estabilidad y permanencia trabajó tanto el alcalde Ulayar.
Volvemos desde Aritzalko por donde hemos venido, superamos la regata Zurkillo y nos acercamos al altillo donde se asienta la Escuela Pública (“Ikastetexe Publikoa”) “San Donato”. La placa del título ha sido blanco de muchos perdigones y la versión castellana ha sido ensuciada y limpiada más de una vez. Me dicen que cada reparación le cuesta a la Corporación “abertzale” local un pastón.
Del cementerio a la plaza del crimen
En una de los muros del cementerio, un dibujo con la cabeza de un guardia civil y tricornio está tachado por una equis, y se le juxtapone la dura interjección euskérica “alde” (¡fuera!).
Los restos de Jesús Ulayar Liciaga, católico piadoso y activo, trasladados de la primera tumba en tierra, reposan en una sencilla urna. En una placa de mármol negro, bajo su retrato se subraya, en vascuence, la raigambre local de su la familia y se pone en su boca un escalofriante resumen de su vida y de su asesinato. “No lloréis por mí –se añade en castellano-. Llorad más bien por vosotros y por vuestros hijos (De la Pasión de Nuestro Señor)”.
Entre las inscripciones del amplio y ajardinado camposanto, con muchas fotos y muchos símbolos religiosos, locales y profesionales, no falta en uno de ellos el anagrama de ETA dentro de un mapa de Euskalherria.
En la parte oriental del pueblo, en el barrio Mundiño, vemos el edificio de tres pisos, que albergó la casa natal de Jesús Ulayar y el antiguo Círculo Católico que regentaron sus padres y, tras pasar por la Plaza de los guerreros (“Gudarien Enparantza”), entramos en la plaza del barrio de Maiza, con altos plataneros. La mitad de la casa en hastial al sur del anchurón, nº 4, Txartxenekoa, era la modesta vivienda de la familia Ulayar No faltan en su pared bien caleada dos burlas infames: “Gora ETA (m)” y “Luis askatu”. Es el colmo de la desvergüenza de un ayuntamiento y de todo un pueblo, responsables de tolerar tamaña profanación. La ventana baja da a lo que era un estrecho cuarto de estar, que hacía a la vez de tienda de electrodomésticos, y contiguo a una pequeña cocina.
Por la puerta del garaje en la calle lateral Elgibel salieron, aquel 27 de enero de 1979, a las ocho de la tarde, Jesús y su hijo pequeño Salvador hacia la camioneta de casa aparcada en la plaza. Vicente Nazábal, escondido tras uno de los plátanos, le metió al padre cinco tiros en el cuerpo sacándole abruptamente la vida. Aún puede verse un impacto de bala junto a la puerta. A unos metros le esperaba en un taxi robado su hermano Juan. El pequeño Salvador siguió entre gritos y sollozos al asesino hasta el coche, pero lo perdió pronto y se volvió con el terror metido para siempre en el alma. El exacto lugar donde cayó la víctima lo cubren unos contenedores de basura.
Seguimos hoy la ruta que siguieron los criminales: tras pasar por delante de la iglesia, viraron frente al jardín de las monjas –sucio también hoy de pintadas etarras-, torcieron hacia la vieja tejería de Antonino, y continuaron por un camino rural hasta Arbizu. No tardaron mucho tiempo en ser detenidos.
Bajamos hasta la estación ferroviaria, bien aseada pero ya cerrada, donde ETA hizo explotar también una bomba incendiaria, cuando el jefe de estación y su familia dormían en el piso superior. Luego, por entre unos robledales prietos, altos y desnudos, salimos a la carretera de Lizarrusti, y por Lizarraga Bengoa llegamos a la autovía.
Miro de nuevo la nieve reciente y celeste de Beriain y San Donato, porque necesito ver algo limpio, algo puro, que me aleje de tanta crueldad, ferocidad y degradación inhumana. Malditos los que un día las cultivaron, sin arrepentirse, y todavía, sin arrepentirse, las cultivan.
Victor Manuel Arbeloa, DIARIO DE NAVARRA 2/2/2004
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