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Los pamploneses Mikel Ayensa y Alberto Viedma, ambos de 30 años, ni siquiera se molestaron ayer en negar las acusaciones. Como es práctica habitual en los juicios a miembros de ETA, los procesados quisieron abandonar lo más rápidamente posible el habitáculo blindado en el que son recluidos. Lo consiguieron a base de golpes. Tras aporrear el cristal en nueve ocasiones, Viedma logró que el presidente de la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional decretara su expulsión. Su compañero de banquillo, Mikel Ayensa, tuvo que propinar siete patadas. En ambos casos, tanto el proceder de los acusados como la decisión del magistrado presidente fue acogida con expresiones de reprobación por parte del público. «No hay derecho a esto. ¡Que les obliguen a estar presentes durante todo el juicio!», lamentaron algunos asistentes.
Mikel Ayensa y Alberto Viedma confesaron el crimen ante la Guardia Civil cuando fueron detenidos en 2002 Los dos procesados y un tercer etarra fueron condenados en 2003 a 30 años por el asesinato de Tomás Caballero
Ya en su ausencia, la sesión continuó tanto con las declaraciones de los guardias civiles que instruyeron las diligencias por el asesinato el 9 de agosto de 2000 en Berriozar como con las manifestaciones de los agentes que participaron en la detención de los inculpados, practicadas en febrero de 2002 en la capital navarra.
Los tres casquillos de bala
Los guardias que acudieron a Berriozar tras el crimen explicaron que en el garaje de la vivienda del militar, ubicado en la calle Askatasuna de Berriozar, hallaron los tres casquillos de las balas que segaron la vida de Casanova. Las tres, según relató uno de los testigos, fueron percutidas por la espalda y a corta distancia cuando el militar aún se encontraba en el interior del vehículo.
El primer proyectil, según precisó un guardia civil, fue disparado a unos 80 centímetros de distancia, atravesó el cristal trasero izquierdo del automóvil e impactó en Casanova. La distancia del segundo disparo se redujo a unos 40 centímetros y el tercero fue de «ejecución», a pocos centímetros de la cabeza.
Mikel Ayensa y Alberto Viedma fueron detenidos en febrero de 2002 junto con el vecino de Burlada Francisco Ruiz Romero y un hermano de Mikel, Ibai. Los cuatro formaban el comando Ekaitza de ETA. Además del asesinato de Casanova, los cuatro admitieron su distinta participación en otros tres atentados: uno consumado, el crimen del concejal de UPN Tomás Caballero, y dos frustrados, las bombas lapas colocadas en los vehículos del parlamentario foral de UPN Evelio Gil y del subteniente del Ejército José Díaz Pareja. Mikel Ayensa, Alberto Viedma y Francisco Ruiz fueron condenados en mayo de 2003 en sentencia firme a 30 años de cárcel por el asesinato de Caballero.
Los agentes de la Benemérita que interrogaron entonces a los detenidos subrayaron ayer que las autoinculpaciones se produjeron con «todas las garantías procesales», puesto que estaban asistidos por abogados de oficio. Ayensa, además, se ratificó ante el juez que estaba de guardia, Guillermo Ruiz Polanco.
Ayensa confesó ante el instituto armado que, tras realizar diversas vigilancias al cuartel de Aizoáin, comprobó los horarios de Casanova. Junto con Viedma, según su declaración leída ayer, intentaron en siete ocasiones durante los Sanfermines de 2000 acabar con la vida del militar, pero no lo lograron porque debía estar de vacaciones. En agosto, volvieron a intentarlo otro día sin éxito, hasta que finalmente lo lograron el día 9. Admitió que sobre las 15.15 horas descerrajó los tres tiros, mientras Viedma le daba cobertura, armado con otra pistola. Ayensa ratificó estas manifestaciones cuando en febrero de 2002 compareció ante el juez de guardia de la Audiencia Nacional.
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