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Once
miembros de la desaparecida HB (hoy Batasuna) se encuentran procesados,
acusados de "allegamiento de fondos a ETA". Ésta es, por el momento,
la única conexión financiera entre la banda y la coalición que
han constatado las investigaciones policiales. A ella se agarrarán
los firmantes del Pacto Antiterrorista para buscar la ilegalización
de la formación "abertzale".
El
sumario 18/98 engorda poco a poco en la sede de la Audiencia Nacional,
en Madrid. Iniciado por el juez Baltasar Garzón hace ya cuatro
años para investigar las supuestas conexiones de ETA y organizaciones
de su entorno, en sus tomos se entremezclan los documentos contables
de organizaciones abertzales con las declaraciones de los más
de cien detenidos en las diferentes operaciones policiales que
se han sucedido. Y entre todo ello, los informes de los expertos
policiales intentan poner un poco de claridad y encontrar las
claves ocultas de una nebulosa financiera que la banda armada
empezó a tramar en el ya lejano 1992.
Aquel
año, la Policía francesa detuvo en la localidad de Bidart a la
dirección de ETA formada por Francisco Múgica, Pakito, José Luis
Álvarez Santacristina, Txelis, y Joseba Arregi, Fiti. En el chalé
que ocupaban se encontraron numerosos documentos y, entre ellos,
un denominado Proyecto Udaletxe (en castellano, "ayuntamiento").
Éste resultó ser el diseño teórico de una estructura financiera
legal que la dirección de la banda consideraba imprescindible
para asegurar el sostenimiento económico de las organizaciones
afines, a la vez que se creaba una trama que desvinculase formalmente
las cuentas de ETA de las del resto de las estructuras del Movimiento
Nacional de Liberación Vasco (MNLV). En aquel documento etarra
se apuntaba la importancia de la entonces Herri Batasuna (hoy
Batasuna) dentro de dicha estructura financiera: era una de las
tres "grandes empresas" del proyecto. Sin embargo, las investigaciones
policiales y judiciales sobre esa trama financiera no han permitido,
de momento, encontrar pruebas de la supuesta conexión monetaria
entre ETA y la coalición abertzale apuntada en el Proyecto Udaletxe.
En parte, porque el sistema planteado por ETA no busca beneficios,
ni blanquear el dinero, sino mantenerlo oculto. Como señala uno
de los informes policiales que se encuentran en el sumario, ETA
pretende "mantener el dinero sucio (procedente del delito) como
dinero negro (opaco a la Administración) y que el blanco (procedente
de los beneficios y subvenciones) salga negro para así poder aplicarlo
a las necesidades terroristas".
Acuerdos
del Pacto Antiterrorista
1-
Crear una Comisión para la modificación del artículo 504 del Código
Penal, para castigar con penas de cárcel a quienes amenacen, intimi-
den o empleen la fuerza para impedir el trabajo de los ediles.
2-
Modificar la Ley de Partidos Políticos, para evitar que formaciones
como Batasuna puedan vulnerar en la práctica los principios constitu-
cionales al justificar la violencia.
3-
Remitir a las Cortes un proyecto de Ley que permita el bloqueo
preventivo de las cuentas de entidades relacionadas con el entorno
terrorista.
4-
Reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y la Ley
Orgánica de financiación de los Partidos Políticos, para negar
cual- quier subvención pública a organizaciones con conexiones
evidentes con ETA.
5-
Reformar la Ley de Régimen Local, para garantizar la confidencia-
lidad de los bienes y propiedades que declaren los concejales
en sus registros de intereses.
6-
Promover la puesta en marcha de plataformas cívicas y mesas de
partidos presididas por los alcaldes de los municipios con concejales
amenazadas, para buscar fórmulas que incrementen la seguridad
en el desarrollo de sus funciones.
Los
once de HB.
Este
hecho, unido al intento de ETA de desvincularse formalmente del
resto de las estructuras del MNLV, ha complicado las gestiones
judiciales y policiales por desmontar el presunto entramado financiero
que une supuestamente el autodenominado "frente militar" y su
brazo político. Hasta el momento, el mayor avance en este sentido
ha sido el procesamiento de once miembros de Batasuna por el delito
de "allegamiento de fondos a ETA". Se trata de Francisco Javier
Alegría Loinaz, Manuel Aramburu Olaechea, José Ramón Aranguren
Iraizoz, Iker Beristain Urizarbarrena, José Antonio Díaz Urrutia,
Juan Pablo Diéguez Gómez, José Antonio Echeverría Arbelaiz, José
Gorostiza Salazar, Manuel Inchauspe Vergara, Isidro Murga Luzuriaga
y Ramón Uranga Zurutuza. En algunos casos, como el de Segundo
Ibarra, José Antonio Etxeberría Arbelaiz y Vicente Askasibar,
su implicación en la supuesta conexión financiera entre ETA y
Batasuna surge de su relevancia dentro de la organización KAS
y la relación de ésta con la banda armada, que el juez considera
probada. En otros, las pruebas son más concretas. Es el caso de
Iker Beristain, que a su condición de militante de Batasuna unía
la de tesorero de la Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización
(AEK). El auto de procesamiento le acusa de disponer de una cuenta
B de esta organización desde la que desviaba cantidades de dinero
a organizaciones del MLNV y a la empresa Orain, editora del diario
Egin, y a la que se señala como "subordinada" a ETA. Aunque, según
las fuentes consultadas, el caso de Juan Pablo Diéguez es el más
evidente. Las investigaciones han demostrado que éste era el administrador
único de una empresa llamada Gadusmar, dedicada a la compra de
bacalao islandés y su posterior venta, y que supuestamente servía
para enviar dinero a los activistas de ETA refugiados en Cuba.
Como socio en Gadusmar aparecía otro de los miembros de Batasuna
procesados por Garzón: José Antonio Díaz Urrutia, liberado del
sindicato abertzale LAB. Se da la circunstancia de que Gorka Martínez
Bilbao, destacado miembro de Batasuna y también procesado en este
sumario por otros delitos, fue el primer administrador de Gadusmar
hasta la llegada de Diéguez.
Luis
Montserrat.
Extraído
de la revista Época
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