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José María Calleja
LAS
víctimas del terrorismo nacionalista han conquistado un
espacio de libertad en Etxarri Aranatz. Veinticinco años
después del asesinato del alcalde, Jesús Ulayar,
y del policía nacional Francisco Berlanga, las familias
de ambas víctimas, de todas en general, tienen motivos
más que suficientes para reivindicar la memoria de los
asesinados, pueden estar orgullosas por haber interpelado a los
criminales, y a los cobardes palmeros que les siguen, y han logrado
que la dignidad triunfe por encima del miedo.Etxarri Aranatz era,
hasta el pasado sábado, un ejemplo consumado del proyecto
de dictadura que los asesinos querrían implantar si triunfaran:
un pueblo triste, atemorizado, con buena parte de sus habitantes
clausurados por el miedo, en el que los más brutos y los
más chulos campan impunemente. Este clima se había
conseguido a golpe de muerte y miedo y también a base de
ensañamiento con las víctimas. Porque hay que ser
mala persona, hay que ser animal para colocar en el mismo lugar
en el que un hombre fue asesinado, en presencia de su hijo de
trece años, unos contenedores de basura. Hay que ser abyecto
para insultar primero a la víctima, insultarla luego al
asesinarla y volverla a insultar después de asesinada con
palabras cargadas de odio y colocando dos contenedores de basura
en el lugar exacto en el que se asesinó a un padre de familia.
¡Cómo es posible tanta maldad, tanta abyección
moral, tanta falta de piedad!
Pero la buena noticia es que estas bestias han fracasado en su
proyecto dictatorial de crear en Etxarri Aranatz un ámbito
encapuchado de decisión. Han tenido que pasar veinticinco
años, pero al final la dignidad se ha impuesto al miedo.
A partir de ahora nada será igual en ese pueblo. A partir
de ahora los habitantes de Etxarri que hayan apoyado a los criminales
van a empezar a plantearse, si es que les queda una brizna de
amor propio, si deben seguir haciéndolo, porque no se puede
ser tan bestia durante tanto tiempo, no se puede jalear la muerte
y luego decir que uno no se enteró de lo que pasaba debajo
de su casa, no se puede ver cómo matan a un vecino y no
dar un respingo al comprobar cómo intentan humillarle durante
un cuarto de siglo.
Por
primera vez en la historia de Etxarri, los defensores de la vida
han sido más en la calle que los defensores de la muerte,
por primera vez en aquel pueblo se ha comprobado que se puede
ser libre, que la dictadura terrorista se acaba, gracias, entre
otras cosas, a un acto lleno de libertad y de vida como el que
se celebró el pasado sábado en Etxarri.
No
hay mayor acto de fascismo que asesinar al que no piensa como
tú, no hay mayor espíritu dictatorial que aniquilar
a los contrarios. Pero esto se ha acabado. A partir de ahora podrá
haber más muertes, siempre que haya bestias dispuestas
a disparar contra seres indefensos, pero ya no habrá más
olvido; podrá haber muerte y pena, pero no habrá
más humillación ni más silencio ni desmemoria.
El tiempo de los criminales se acaba, terminarán todos
en la cárcel, pero no para cumplir condenas de chichinabo,
sino para pagar las penas que se merecen. Resulta muy expresivo
que en cuanto se ha ilegalizado a la trama civil de los criminales,
los chulos han disminuido, los matones de barrios y pueblos se
han encogido. El patético acto convocado por los simpatizantes
de los asesinos para tratar de sembrar más miedo refleja
dos cosas: una, han perdido la iniciativa y van a rebufo de las
víctimas; dos, cada vez son menos, cada vez hay menos dispuestos
a unirse a ellos, vistas las consecuencias que eso puede tener.
¡Qué largo ha sido el recorrido!, pero ha merecido
la pena. Los tiempos de la impunidad se han acabado, fuera de
la legalidad hace mucho frío y ahora vemos a los otrora
prepotentes defensores del crimen, buscando amparo en alguna sigla
de la sopa de letras nacionalista. Por cierto, ya que el Gobierno
nacionalista de la CAV o, mejor dicho, el partido guía
de la CAV, sostiene en un documento que hay un genocidio identitario
en la Comunidad Foral Navarra, ¿cómo calificaría
el hecho de que se asesine y se ponga basura en el lugar en el
que caen los asesinados? ¿Cabe algún maquillaje
de esta realidad? Esperamos respuesta de los corresponsales del
nacionalismo vasco en Navarra. Sería bueno conocer su opinión
sobre este hecho, saber qué les parece que los nacionalistas
terroristas -con los que pactaron, con firma y sello, la exclusión
de los españoles de las instituciones de la CAV-llamen
a una reacción mafiosa cuando las víctimas superan
el miedo y salen a la calle. ¿Callar es, también
en este caso, otorgar?
La
familia Ulayar tiene que estar orgullosa del ejercicio de civismo
que ha sido capaz de poner en pie. La familia del policía
nacional Francisco Berlanga ha obtenido también una reparación
negada durante demasiados años. Libertad Ya ha demostrado
con hechos que se puede derrotar la violencia allí donde
su dictadura se ha instalado. En Etxarri se ha empezado a caer
el régimen del miedo, se ha derribado el muro de la ignomia
y, más pronto que tarde, se ganará la libertad.
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