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Comunicado publicado por varios profesores de la Universidad del
País Vasco
FRANCISCO LLERA, CARLOS MARTINEZ GORRIARAN, J.
A. RIVAS Y EDURNE URIARTE*/
MUCHOS ciudadanos vascos sufrimos una limitación intolerable
de nuestra libertad y seguridad por oponernos pacíficamente
a ETA y a los grupos que se benefician del terrorismo. Algunos
somos estudiantes, administrativos y profesores de la UPV. Debido
a la persecución, las agresiones y los atentados, varios
de nosotros han sido obligados a dejar esta Universidad y buscar
refugio en otras donde sea posible vivir y trabajar sin perder
la dignidad, la libertad o la vida. Sin embargo, nuestro compañero
y actual rector de la UPV, Manuel Montero, que conoce perfectamente
esta situación y también la sufre en persona, ha
declarado que ningún profesor se ha visto obligado a abandonar
la UPV por efecto de las presiones terroristas.
No es verdad. Lo cierto es que, durante los últimos años,
bastantes profesores, algunos muy conocidos y de gran prestigio
profesional, se han visto obligados a abandonar la UPV, de forma
temporal o indefinida. También hay estudiantes en el mismo
caso. Su marcha no ha sido voluntaria, sino forzada por los terroristas.
Los atentados son raros gracias a la vigilancia policial, pero
se han dado casos de agresión física contra alumnos
y profesores verdaderamente escandalosos, protagonizados por jóvenes
pro-etarras, que han quedado impunes. Y como todo el mundo sabe,
lo que nunca es sancionado siempre está permitido. Eso
explica la razón de que muchos otros universitarios sufran
constantes amenazas no sólo en la prensa pro-etarra, sino
también en pancartas, pintadas y carteles que, en alguna
facultad y para vergüenza de los responsables, permanecen
hasta que se caen de puro viejo o son recubiertos por nuevas infamias.
Aunque la mayor parte de los centros de la UPV se esfuerzan por
impedir estos desmanes, lo cierto es que el ensañamiento
contra ciertos docentes en la prensa pro-etarra, incluyendo medios
vascos que se pretenden democráticos, no suele recibir
réplica formal de las autoridades de la UPV, tan sensibles
últimamente hacia las críticas de otros medios de
comunicación.
Sabiendo todo esto, el propio Rectorado ha animado a muchos profesores
a dejar temporalmente la docencia, ofreciéndose para facilitar
una estancia temporal en universidades más pacíficas.
De aquí que las recientes declaraciones de Manuel Montero
afirmando que "nadie ha dejado la UPV por razones de seguridad"
sean tan insólitas como alejadas de la verdad.
El problema no se limita, sin embargo, a dar facilidades al profesorado
amenazado, al que a fin de cuentas se le aparta de su trabajo
perjudicando su carrera profesional. Porque si bien la UPV da
muchas facilidades a los agredidos, lo malo es que los autores
y cómplices de las agresiones todavía tienen más
facilidades. Y así, mientras unos malviven amenazados y
tienen que acabar marchándose, los que viven amenazando
disfrutan de todas las ventajas académicas y pueden ocupar
los puestos que la violencia deja vacantes.
No nos engañemos: en la UPV, como en absolutamente todas
las instituciones vascas, hay una red mafiosa que apoya, justifica
y explota el terrorismo en su propio beneficio, sin que su colaboración
con ETA haya sido perseguida como se debe, impunidad que explica
la larga duración de un fenómeno que la inmensa
mayoría de la sociedad repudia. Así, los terroristas
encarcelados disfrutan de diversos privilegios, como libros gratuitos
y tutorías especiales, gracias al irregular e intocable
estatuto de 'alumnos presos'. La difusión del extraordinario
expediente académico de algunos de estos asesinos asombraría
a la comunidad académica mundial.
Sabemos que el rectorado trata de mejorar la seguridad de la UPV,
muchas veces con un alto costo y sin encontrar apoyo suficiente
en las instituciones responsables, y tropezando también
con la indiferencia e incomprensión de esa parte de la
opinión pública vasca, por desgracia nada pequeña,
que prefiere mirar a otra parte y regocijarse con la extraordinaria
calidad de vida que, sin duda, disfrutan ellos. La UPV no puede
solucionar problemas de seguridad general que no está en
su mano resolver, pero también es verdad que, a nuestro
juicio, la defensa de la seguridad, la libertad y la pluralidad
universitaria no puede limitarse a dar años sabáticos
a los amenazados y a medidas de seguridad pasiva. Por eso pensamos
que la UPV debería comprometerse a erradicar de su seno
a los teóricos, animadores y organizadores del terrorismo,
estimulando por el contrario la práctica de la pluralidad.
La libertad de cátedra y la pluralidad de pensamiento disminuyen
en la UPV a causa de la presión contra quienes piensan
distinto de la uniformidad nacionalista, pero son imprescindibles
para conseguir esa calidad académica y profesional que
es inútil buscar en las universidades de las dictaduras.
Y para conseguir ese fin no sólo es inútil y dañino
negar la realidad tergiversando la situación de tantos
universitarios vascos, confundiendo a la opinión pública
y desautorizando el testimonio de los exiliados, sino que es necesario
dar pasos para facilitar a los universitarios expulsados el regreso
a la UPV con todas las garantías profesionales, académicas
y de seguridad. El rectorado puede contar con nosotros para conseguirlo,
pero debe restablecer la confianza que han desatado sus recientes
actuaciones y declaraciones, reconociendo la existencia de un
exilio universitario vasco, la opresión académica
que sufren los amenazados y las gravísimas limitaciones
de seguridad y libertad que ha conseguido imponer el terrorismo.
En caso contrario, no hay duda de que la fuga de universitarios
vascos, que algunos cínicos niegan y en el fondo desean
aumentar, no sólo no se detendrá, sino que irá
en aumento según vaya aumentando el círculo de los
amenazados y crezcan los beneficios e impunidad prepotente de
los amenazadores.
Comunicado
publicado por varios profesores de la Universidad del País
Vasco
¡Libertad
Ya! muestra toda su solidaridad con los profesores y alumnos afectados
por las amenazas y la presión del entrono etarra.
Contra
el terrorismo
¡Libertad Ya!
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